Una carne con origen, sabor y propósito

En un mercado saturado de etiquetas y promesas, en Las Trojes creemos que la calidad no necesita adornos. Nuestra carne se distingue por ser limpia, marmoleada y con un sabor profundo que nace del respeto a la tierra, al animal y a los procesos naturales.

Desde Rancho Minthó, cultivamos más que alimento: cultivamos una forma de producir que pone a la naturaleza al centro. Para nosotros, la calidad no se basa solo en la genética o en técnicas de engorda intensiva, sino en una filosofía que prioriza el bienestar, la trazabilidad y la coherencia en cada decisión.

“Nuestras vacas comen una ensalada, no un solo tipo de pasto”, explica Jaime, cofundador de Las Trojes “La diversidad vegetal en el campo hace que el alimento sea más nutritivo y eso se refleja directamente en el sabor y la calidad de la carne”.

En Las Trojes, los animales pastan en libertad, se alimentan de forraje natural y viven sin presión. Rechazamos el uso de fertilizantes, pesticidas y antibióticos innecesarios. Nuestro compromiso es ofrecer una carne que respeta sus tiempos, sin acelerar ni forzar procesos.

Trabajamos principalmente con ganado 100% angus, conocido por su terneza y calidad. En ocasiones incorporamos la genética wagyu, logrando una carne con mayor marmoleo; es decir, esa grasa intramuscular que aporta jugosidad, suavidad y sabor excepcionales.

Nuestras prácticas van incluso más allá de muchos estándares. Cada animal en Las Trojes tiene trazabilidad completa: conocemos su origen, su alimentación, su manejo. Todo está documentado con claridad porque creemos en hacer las cosas bien, de forma honesta y transparente.

Cada corte que sale de nuestro rancho tiene una historia. Una historia de paciencia, respeto y cuidado. Porque para nosotros, la carne no es solo un producto: es el reflejo de un sistema que funciona desde la raíz, construido día a día con trabajo consciente y propósito claro.