
En Las Trojes sabemos que un ganado bien alimentado no solo crece mejor, también vive mejor. Y eso, al final, se refleja en todo: en la salud del ganado, en la calidad de la carne o leche, y sobre todo en el bolsillo del productor. Por eso, hablar de una dieta eficiente no es solo cuestión de rendimiento, sino también de bienestar, sostenibilidad y cuidado del entorno.
Una buena alimentación empieza desde el primer día. Como bien dice un artículo de Engormix, “los animales bien alimentados durante los primeros 90 días tienden a mantener esa ventaja durante toda su vida productiva”. Esos primeros meses son clave. Una dieta balanceada y constante, marca la diferencia en la ganancia de peso, la salud general y el futuro reproductivo del animal.
Pero alimentar bien no es dar más, sino dar mejor. Se trata de balancear los nutrientes según la edad, el clima, el tipo de pasto que tenemos y el estado corporal del animal. No todos los bovinos necesitan lo mismo, ni en la misma cantidad. En palabras simples: no se trata de llenar el comedero, sino de saber qué ponemos en él.
El bienestar del ganado está ligado a lo que come. Cuando un animal está estresado por calor, enfermedades o malas condiciones, tiende a comer menos, lo que afecta su digestión, su sistema inmunológico y hasta puede provocar problemas como acidosis ruminal (Caselles-Echavez, 2022). Y cuando eso pasa, no solo pierde el animal, también perdemos nosotros.

Hoy más que nunca, también hay que pensar en el clima. Con las temperaturas en aumento, los pastos cambian. Suben los niveles de lignina en las plantas, baja su digestibilidad y los animales no aprovechan igual el alimento (Kennady et al., 2023). Si no ajustamos la dieta a estos cambios, vamos a ver un impacto directo en la producción.
Y eso sin contar el impacto ambiental. Una dieta mal diseñada puede aumentar las emisiones de metano del ganado. Por eso, una alimentación eficiente también es una forma de hacer una ganadería más limpia. Como señala el European Journal of Agriculture and Food Sciences, la alimentación representa hasta el 80% del costo total de producción de carne. Así que si mejoramos lo que comen, mejoramos todo el sistema.
Una dieta bien pensada es inversión, no gasto. Usar suplementos según la etapa del animal, observar el comportamiento en el corral, rotar pastos y aprovechar al máximo lo que nos da la tierra son claves. El objetivo no es solo engordar más rápido, sino criar ganado más fuerte, más sano y que se traduzca en un producto final de calidad.
Además, una buena nutrición reduce la necesidad de medicamentos, mejora la fertilidad y hace que el ganado resista mejor a los cambios climáticos. Como dicen los expertos, “la nutrición está directamente relacionada con el bienestar animal y su rendimiento en todas las etapas” (Caselles-Echavez, 2022).
En resumen, la dieta eficiente no es una moda. Es una forma de hacer las cosas con más conciencia, más estrategia y más respeto por los animales y el entorno. En Las Trojes, apostamos por una ganadería que cuide al hato, al campo y a quienes lo trabajan.