El cuidado de tierra en Las Trojes 

Mientras en muchas partes del mundo el campo se ha convertido en una fábrica dependiente de químicos, en Las Trojes seguimos apostando por lo esencial: una tierra viva, fértil, diversa y con una microbiología activa que nutre no solo a las plantas, sino a los animales y, en última instancia, a las personas.

Desde hace años, tomamos una decisión que ha marcado todo lo que hacemos: dejar atrás los fertilizantes, herbicidas y pesticidas. En su lugar, trabajamos con microorganismos, compostas y prácticas regenerativas que le devuelven al suelo su riqueza original.

“Cuando usas fertilizantes constantemente, conviertes el suelo en un sustrato muerto. Nosotros queremos lo contrario: una tierra que trabaje por sí sola”.

aime, cofundador de Las Trojes.

Gracias a esta forma de trabajar, nuestro suelo no solo es más fértil; también es más resiliente. Tiene más materia orgánica, mejor capacidad para retener agua y un equilibrio natural de nutrientes. Y eso se nota: crecen pastos y hierbas más ricas, más variadas y mucho más nutritivas.

“Muchas veces pensamos que las malezas son un problema. Aquí las vemos como parte del alimento, como parte del sistema”, comenta Jaime. Y tiene razón: en Las Trojes, cada planta cumple un rol.

Nuestros animales se alimentan de esa mezcla natural. No hay monocultivos ni dietas forzadas. Esa diversidad vegetal no solo enriquece la nutrición del ganado, también fortalece la salud del suelo, promueve la biodiversidad y reduce la necesidad de intervención externa.

Se crea así un ciclo virtuoso: la tierra alimenta al ganado, y el ganado, al pastar y fertilizar de forma natural, ayuda a regenerar la tierra. Todo esto también se refleja en lo que llega a tu mesa. Porque una tierra sana produce alimento real, completo y con sabor. Y eso se nota en la salud del animal y en la calidad de nuestra carne.

En Las Trojes, cuidar la tierra no es una técnica agrícola. Es una forma de pensar y de vivir.